dimarts, 2 de setembre de 2014

Aquellas lecturas estivales V: ‘La casa de los espíritus’, de Isabel Allende



Hubo un tiempo en que una de las antepasadas de CatalunyaCaixa, la Caixa d’Estalvis de Catalunya, regalaba libros. No sé si lo hacía para obsequiar a sus clientes por Navidad o si era en motivo de Sant Jordi, puesto que en aquella época no se celebraba el Dia del Llibre como ahora y apenas éramos conscientes de la efeméride.  El caso es que en un momento determinado aparecía mi madre, que era la que iba a ‘La CAIXA de tots’, con un libro obsequiado por la entidad.

Entre las obras que llegaron a nuestras estanterías de este modo se encuentra La casa de los espíritus, una novela que me sorprendió y rompió muchos de mis esquemas en cuanto a literatura. Lo primero que me llamó la atención fue la portada: la imagen de una mujer con el pelo verde destacando sobre un fondo blanco. El título ocupaba gran parte de la tapa, escrito con letras grandes y llamativas, y la dama peliverde tenía una mirada bastante perturbadora. Aún así, sin saber de qué iba y pasando por alto la aprensión que me provocaba sospechar que se tratase de una novela de terror (género que no me atrae demasiado), me arriesgué a leerla.

Ya las primeras páginas consiguieron atraer mi atención y despertaron mi asombro. El lenguaje soñador e inspirado, las imágenes evocadoras, y la recreación de un mundo perfilado entre la realidad y la maravilla me cautivaron por completo. Hasta entonces había leído novelas románticas, decimonónicas, clásicas y juveniles que nada tenían que ver ni con el estilo ni con la temática de lo que estaba leyendo. Luego supe que a ese género se le denomina ‘realismo mágico’ y que cuando Isabel Allende publicó el libro, su primera novela, en 1982 esta categoría literaria ya se había desarrollado plenamente más de treinta años atrás.

'Birds! Birds!', Rob Gonsalves
Aunque existen muchos críticos que cuestionan el nivel literario de la novela, pienso que para mí fue muy positivo haber descubierto el realismo mágico con La casa de los espíritus. La agilidad del ritmo narrativo y la amenidad del argumento son más apropiadas para una adolescente que obras maestras como Pedro Páramo o Cien años de soledad. La efervescencia imaginativa de la novela de Isabel Allende espoleó mi fantasía y me mostró una dimensión literaria nueva y fascinante.  

La lectura de La casa de los espíritus fue el pasaporte que me condujo, mucho más tarde, al mítico mundo de Macondo y al sobrecogedor universo de Comala. Si ya la primera cata de realismo mágico me impactó, no quiero ni pensar en el efecto que me hubiesen producido el descubrimiento 'a pelo' de García Márquez y, sobretodo, de Rulfo.  Hubiera sido demoledor.

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