dijous, 5 de desembre de 2013

Postales de Navidad, mucho más que un recuerdo


Felicitación navideña de Laia Codina

Siempre que se acercan las fiestas navideñas evoco el tiempo en que solía escribir tarjetas a mis compañeras de clase. De esto hace más de treinta años y seguramente fue una costumbre que se mantuvo durante tres o cuatro cursos pero, como todo lo que ocurre en la niñez, lo viví de una manera muy intensa e ilusionante. Antes de que llegaran las vacaciones de Navidad, al salir de la escuela me acercaba a una papelería a buscar unas cuantas tarjetas navideñas.  Tenía que elegir una cantidad limitada a unas pocas compañeras, pero eso no quitaba ilusión a la tarea de escoger, de la cajita que me ofrecía la dependienta, siete u ocho felicitaciones navideñas para mis amigas. De pie, apoyada en un rincón del mostrador, iba pasando las distintas postales hasta que veía una que me gustaba y la separaba del resto dejándola sobre el tablero. Solía llevarme las que representaban escenas de pastorcillos, dibujadas con trazos redondeados que daban a las caritas de niños y angelitos una expresión muy tierna. Generalmente eran las de Joan Ferràndiz, aunque también me gustaban mucho las de Constanza y las de Vernet.
Tarjeta navideña de Constanza (www.silvitablanco.com.ar)
Una vez hecha la elección me volvía a casa pensando en lo que escribiría en cada una, ya que al día siguiente las entregaría en mano. Esos días previos a la navidad, antes de que comenzaran las clases o al terminarlas, solíamos sacar las postales de la cartera y las repartíamos. Es curioso, pero no recuerdo cómo eran las que yo recibía. Sólo me ha quedado grabado en la memoria el hecho de la elección, las ilustraciones y aquella papelería que ahora es una tienda de telefonía. Seguramente me debían enviar el mismo estilo de tarjetas, porque a todas nos gustaban las postales de Ferràndiz y las de los ilustradores que dibujaron los cuentos de nuestra infancia. Unos artistas de los que ahora poco sabemos, a pesar del color que pusieron a nuestras primeras lecturas: ‘Constanza’, nombre artístico de Constanza Armengol que ilustró cuentos clásicos y populares a lo largo de más de 40 años; Juan Vernet, ilustrador infantil y autor de numerosas tarjetas navideñas y de Primera Comunión; y Carlos Vives, diseñador gráfico que desarrolló gran cantidad de postales navideñas tridimensionales. 
De todos aquellos artistas sólo Joan Ferràndiz consiguió el reconocimiento que merecía. Sus postales comenzaron a aparecer en la década de los cincuenta del siglo XX, cuando los christmas que se enviaba la gente consistían en reproducciones de obras clásicas. Poco a poco los dibujos de Ferràndiz acabaron por desbancar esas imágenes y sus postales se convirtieron en las preferidas de muchos. Medio siglo después, sus cándidos dibujos de pastorcillos y angelitos infantiles encarnan aún la imagen que todos tenemos de la Navidad.

Pero…¿cómo surgió la postal navideña?

Esta costumbre que ahora evoco se remonta a mucho tiempo atrás, concretamente a 1843. En aquellos lejanos días la gente solía intercambiar felicitaciones escritas a mano, una tarea que precisaba de un tiempo que Henry Cole, funcionario y diseñador inglés, no tenía. Así que se le ocurrió que podía diseñar una postal con un mensaje de felicitación y luego enviarla a todos sus familiares y amigos. Con ese objetivo, encargó al pintor John Calcott Horsley que dibujase una escena navideña para poder reproducirla en una imprenta añadiendo una frase de buenos deseos. Horsley elaboró un tríptico consistente en dos paneles laterales -uno representaba el acto de caridad de vestir al desnudo y el otro el de alimentar al hambriento- y una ilustración central que mostraba a una familia disfrutando alegremente de las fiestas. Bajo la imagen estaba impresa la frase: 'A Merry Christmas and a Happy New Year To You'. La postal navideña acababa de nacer.

La primera postal de Navidad

De esas primeras litografías coloreadas se hicieron mil copias y las sobrantes se pusieron a la venta dando origen a un nuevo y floreciente negocio. Veinte años después de aquello se empezaron a imprimir tarjetas navideñas de serie, con tanto éxito que pronto se generalizó su uso mucho más allá de tierras británicas. En Estados Unidos, Louis Prang, impresor, litógrafo y editor, empezó a ofrecer, en 1875, tarjetas de Navidad convirtiéndose así en ‘el padre del christmas americano’.  
Tras su nacimiento, la postal navideña experimentó en el siglo XX un proceso de evolución y declive. Durante las primeras décadas el christmas se ajustó a los gustos y a las nuevas técnicas de impresión. Más adelante, las dos guerras mundiales trajeron temas patrióticos a sus diseños y, ya en los 50, se volvieron a poner de moda las imágenes nostálgicas y religiosas de sus inicios. Los años siguientes el intercambio de tarjetas de Navidad se incrementó hasta llegar a su punto más álgido a finales de siglo. Sin embargo, era el principio del fin: las nuevas tecnologías, que habían favorecido el diseño y la distribución de las postales navideñas, acabaron por arrinconarlas. Hoy en día, el uso de los teléfonos móviles y los ordenadores ha dejado tan desfasada la costumbre de enviar felicitaciones que la ha limitado a los nostálgicos como yo.
Pero, a pesar de eso, las tarjetas de Navidad siguen despertando añoranzas y pasiones. Durante años han sido muchos quienes las han coleccionado con afición. El Museo Británico conserva la gran colección de christmas que reunió la  reina Maria de Inglaterra, y las postales navideñas de la llamada edad de oro de la impresión (1840-1890) han llegado a alcanzar elevadas sumas en las subastas. En diciembre de 2005, por ejemplo, una de las tarjetas originales de Horsley fue vendida en casi 9000 libras.

Un posible resurgir de la postal

Sin embargo, aunque oscuros nubarrones se ciernen sobre el futuro de la tarjeta navideña, aún quedan motivos para la esperanza. Hace apenas un año la ilustradora y profesora de dibujo Laia Codina escribió una entrada en su blog (cucatraca.blogspot.com.es) en la que mostraba una selección de su colección de tarjetas de Navidad y explicaba el origen de sus propios christmas. Según cuenta, empezó a dibujarlos para felicitar a sus amigas del colegio y, salvo alguna interrupción, ha continuado con la tradición hasta el día de hoy. 

Postales reunidas por Laia Codina
Las primeras postales “handmade” de esta artista que firma como Cucatraca  aparecieron en época de la EGB, concretamente en los 80. En clase eran casi 40 niñas y como apenas tenía  recursos económicos tuvo que ingeniárselas para corresponder a las tarjetas navideñas que recibía de sus compañeras. Así que puso en práctica una técnica consistente en copiar algunas de sus ilustraciones preferidas y pasarlas a tinta. De esta manera confeccionaba una especie de catálogo de christmas para poder escoger luego un dibujo a gusto de la futura destinataria, fotocopiarlo en cartulina blanca y, finalmente, colorearlo a mano.

Tras esa faceta como creadora de sus propias postales, la joven artista pasó por un largo período en el que apenas dibujaba. No fue hasta hace algunos años que, al entrar en l'Escola de la Dona,  descubrió que su vocación era la ilustración. Recuerda que, poco antes de las vacaciones de Navidad, su profesor, el dibujante e ilustrador Ignasi Blanch,  propuso un ejercicio en clase que luego se repitió curso tras curso: ilustrar el texto de los clásicos literarios "El Cascanueces", de E.T.A Hoffman, o el "Cuento de navidad",  de Charles Dickens. 

Desde un primer momento, Laia se sintió atraída por el cuento que inspiró a Tchaikovski para componer su ballet El Cascanueces. Esta obra  se convirtió en su particular obsesión, especialmente después de haber descubierto en la biblioteca el álbum ilustrado por Roberto Innocenti. Del primer capítulo llegó a hacer hasta 3 versiones diferentes componiendo su particular trilogía de postales de Navidad de El Cascanueces, la última de las cuales la realizó bajo la supervisión de la ilustradora Mariona Cabassa.

Trilogia de postales de Navidad El Cascanueces, de Laia Codina


Yo he tenido la suerte de ser la destinataria de estas postales. La primera me la dio en mano, el día en que nos conocimos, y me sorprendió que aún hubiese alguien que mantuviera viva esa costumbre. Pero mi asombro fue aún mayor cuando supe que la había dibujado ella. Sus trazos tienen una redondez distinta a la de las ilustraciones de antaño, pero en su expresión hay una ternura similar, un aire de ensoñación que evoca, como las postales que yo recuerdo, a la Navidad de siempre.

Laia Codina, empieza ahora a abrirse camino en el mundo de la ilustración. Entre sus proyectos se incluyen las postales navideñas, ya que es una defensora del hábito de escribir y enviar christmas por correo tradicional. Una opinión que comparto, porque lo único que puede compararse a la emoción de rebuscar en un cajón la tarjeta ideal es recibirla. Un sentimiento que se aprecia en los trazos de Cucatraca, tal vez porque los alienta el ánimo de aquella niña que fuimos todos, la que escogía postales de una caja y la que coloreaba sus propias reproducciones.

3 comentaris:

  1. me gustó mucho el artículo, silvia. los estherianos mantenemos viva la costumbre de mandar postales en navidad. los ingenieros industriales de la politécnica de madrid, por nombrar otro colectivo que conozco bien, mandan sms o e-mails impersonales a grandes grupos de gente. estas navidades sufrirás una postal de las mías. ;)
    abrazos

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    Respostes
    1. Jajajaja, Chema, pobres ingenieros industriales de la UPM... ¡¡lo dices como si fuera una amenaza!! XDDD
      Es triste que por falta de tiempo, comodidad y pérdida de valores se olviden tradiciones como ésta. Muchas gracias otra vez, Sílvia por haber descrito con tanta exactitud el propósito de reivindicar esta costumbre tan bonita de enviar y recibir postales a través de mis felicitaciones navideñas. Busquets se lo pierde :-P

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    2. Pues espero ansiosa recibirla, Chema. Lo único que lamento es que no me la puedas dar en mano... A ver si yo, después de tanto predicar, tengo tiempo de enviar alguna. Desde luego, será una postal de Cucatraca!

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